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Moratilla de los Meleros, "sonrisa y miel"


Este pequeño y precioso paraje alcarreño es una de las poblaciones muy cercanas a Budia, mi pueblo. Además vive muy cerca de la entrada, justo en la calle principal,  un excompañero de trabajo y gran amigo mío - Alfredo Pintado - , … que una vez que se prejubiló se fue a vivir a su tierra del alma, la Alcarria. Es un gran aficionado a los encierros y es normal encontrarle en estos festejos típicos de nuestra comarca.

En el verano del 2010 me acerqué a conocer pueblo vecino con mi padre Joaquín Alfaro Bermejo, que tampoco lo conocía a pesar de haber estado viviendo en Budia más de 30 años. Sí se acordaba de una persona de Budia que se casó con uno de Moratilla, y precisamente le pusieron el mote a esa familia de "los moratillas".
En nuestra visita quisimos verlos, pero se acababan de ir a Madrid, por tanto dejamos recado y recuerdo de nuestra parte a algunos vecinos que los conocían. Espero que se lo hayan dado y de todas formas nosotros en persona volveremos en más de una ocasión por este entorno a enseñárselo a nuestros amigos en vivo y en directo.

El paseo no puede ser más hermoso y bucólico. Tanto por el barrio alto, como por la zona del pueblo que corre junto al arroyo.

Está recostado el pueblo entre dos lomas dejando paso a un arroyo que acompaña a las huertas por la vega inclusive traspasando el pueblo junto a la carretera principal.

En este pueblo tienen, como en el vecino Peñalver, mucha fama con el producto estrella alcarreño, “la miel”, por eso su apellido no hace más que publicitar sus entrañas, dando pie a conocer su fama solo con  nombrarlo.

La plaza bajo la iglesia no puede ser más bonita, así como su famosa picota y la ermita de la Virgen de la Oliva. Precisamente llegamos nosotros al pueblo el día en el que estaban casi todos los vecinos  en la ermita festejando su día.

Tomamos una cervecita en el bar junto a la plaza con algunos de los compañeros de fatigas de mi amigo y con el fresco nos fuimos dejando el rumor del arroyo, que nos acompañó hasta casi la carretera de Pastrana, aunque nosotros nos dirigimos hacia Fuentelaencina para volver a nuestro pueblo, Budia.

Recopilando información en la red de redes, complemento este recuerdo y descripción de este enclave con los comentarios e historias que he encontrado en los relatos de Wikipedia, en los escritos del famoso José Serrano Belinchón, en  blogs sobre rutas que pasan por este precioso valle y otros artículos varios, que nos ofrecen y nos acompañarán a completar este paseo virtual por Moratilla de los Meleros.







Así en la publicación “Henares al día”, encuentro este reportaje de una de sus rutas que dibuja  a Moratilla de los Meleros así:

“… Este bello pueblo alcarreño está recostado a los pies del cerro de San Blas, que limita su
perímetro triangular por el lado NE, formando los otros dos lados los pequeños arroyos, que desde su confluencia en el pueblo forman el arroyo de la Vega.

Todo ello compone un bellísimo conjunto paisajístico que se aprecia mejor desde lo alto de cualquiera de los cerros que rodean Moratilla.

En esta ruta tendremos ocasión de observar el pueblo desde el cerro donde se  encuentran
las antenas, el que hay sobre la ermita de la Virgen de la Oliva.
La picota es el monumento más destacable de la localidad aunque está bastante erosionada
en alguno de sus elementos y es una de las más interesantes de la provincia. En una placita con mirador sobre el cercano arroyo, se alza esta airosa columna sobre graderío circular, con su basa, fuste, capitel y pináculo, todo ello de talla minuciosa y conjuntada, repleta de molduras, figuritas, carátulas y cabezas de león, que sugiere un complejo simbolismo.

Quién diría, que tanto arte era sólo para sostener el cuerpo del ajusticiado.

La iglesia parroquial de la Asunción es el otro referente monumental de Moratilla; se fundó
en el siglo XIII y de la primitiva iglesia románica conserva escasos elementos, como su
portada con arquivoltas. Pero lo más destacable del templo es su impresionante artesonado de
principios del siglo XVI: un elemento ya desaparecido en casi todas las iglesias, que por sí
mismo justifica una visita a este pueblo. …”

*podéis pasear por la ruta de este reportaje en la dirección siguiente:


También es de interés recorrer este enclave con las palabras de la publicación  “Alcarria.com” en su artículo “ Moratilla de los Meleros, dentro de la Naturaleza”, que dice así:

Podemos llegar desde Guadalajara por la N-320 cojiendo en El Verral la desviación hacia Fuentelencina y, a poco de pasar este pueblo, una corta carretera hacia la derecha hasta el encajonado y hermoso valle en que se halla Moratilla.

Podemos llegar desde Guadalajara por la N-320 cogiendo en El Berral la desviación hacia Fuentelencina y, a poco de pasar este pueblo, una corta carretera hacia la derecha hasta el encajonado y hermoso valle en que se encuentra Moratilla.

Entrando al lugar veremos junto al lado izquierdo de la carretera un pequeño arroyo canalizado que atraviesa el pueblo pasando junto al Ayuntamiento a la izquierda y una bonita fuente llena de musgo y plantas a la derecha hasta desembocar al arroyo Renera (afluente del Tajuña) detrás de la iglesia, en una zona con abundantes árboles y sombra.

Propiedad desde el siglo XII de Pedro Miguel y sus descendientes, pasó reinando Alfonso VIII a la Orden de Calatrava. Carlos V la concedió la categoría de villa erigiéndose un rollo de capital plateresco de los más interesantes de la provincia de Guadalajara. Recientemente ha sido arreglado ante su deterioro.

La iglesia parroquial dedicada a La Asunción se edificó en el Siglo XVI en la zona occidental del pueblo sobre los restos de otra anterior románica de la que conserva la portada abocinada. Es de una nave con bonitas bóvedas en ábside y crucero. Tiene un hermoso artesonado de madera. Sus retablos barrocos fueron muy dañados en la Guerra Civil. En la villa hay casas de típica arquitectura popular alcarreña.

En esta villa de poco más de cien habitantes empadronados podemos encontrar dos bares dónde refrescarnos tras un paseo por sus alrededores en que, observando la flora, comprenderemos el porqué del "de los meleros" que acompaña al nombre del lugar. Para ayudar a la naturaleza a crear la mejor miel (antiguo manjar de dioses), existe un centro de cría e inseminación artificial de abejas reinas en el Apiario Provincial situado en Moratilla de los Meleros desde 1990.

Las patrona es la Virgen de la Oliva, cuya imagen de quizá finales del siglo XVI con el Niño en brazos se viste de verde. Su ermita está en el extremo oriental del pueblo a dónde se dirige una romería en mayo. Su fiesta se celebraba hacia el 12 de septiembre pero ahora se ha trasladado cerca del 20 de agosto, siempre en martes la ronda de mozos y casados, en miércoles la Solemne Misa y Procesión, en viernes el encierro y en sábado la novillada.












No podía faltar la descripción de José Serrano Belinchón nos regala con otro de sus numerosos escritos sobre Guadalajara, que dice de Moratilla de los Meleros lo siguiente:

“… La visita estaba prevista con bastantes meses, con un año quizás de antelación al día en que, por fin, uno se decidió a colarse de nuevo en la Alcarria por aquella ruta. Moratilla de los Meleros es una hermosa villa encajada entre dos vegas, cercada por cerros limpios; una villa de noble estirpe donde viven gentes honradas y laboriosas en ambas márgenes del pequeño arroyo de Santa Ana que baja canalizado en dirección poniente.

En la plaza del Generalísimo, recoleta, coquetona, y hasta un poco triste al lado mismo de la carretera, los hombres descansan y hablan entretenidos al sol, sentados sobre los poyos que rodean al pintoresco surtidor de hierba y de piedra tosca. Antes de haber cuajado amistad, que al cabo y al fin siempre es cuestión de un poco de tiempo, los hombres de Moratilla se muestran remisos, como a la defensiva de quien no conocen.

-Buenos días. Qué tranquilidad en Moratilla ¿Verdad?
-Sí; hay mucha tranquilidad.
-Quedarán pocos vecinos.
-Es que hoy es día de toros, y muchos se van del pueblo. Debe ser el encierro en El Pozo. De todas formas es que hay poca gente.
-¿Cómo se llama ese cerro?
-Se llama San Blas, y el de más allá el Tesoro. Aquel de encima de las eras es la Cuesta de la Horca. ¿No será usted de esos que se suben a los cerros con el macuto?
-No, no señor. A veces me subo, pero sin macuto ni nada.
-Eso sí, a pelo, por hacer deporte como dicen ahora. Nosotros hacemos el deporte aquí, sin meternos con nadie. Luego nos metemos un ratito al barecillo antes de comer.

El ayuntamiento es un viejo edificio soportalado en el que concurren la seriedad y el gusto arquitectónico de las construcciones municipales de principios de siglo. La Casa Consistorial se asoma a la calle por un balcón corrido de buena forja, y se engalana con un artístico carillón que viene contando desde antiguo las horas del pueblo. Por detrás es un caserón abandonado, de paredones caducos, al que los años y la desatención han llegado a marcar con el sello irreversible de la vejez. La sala de Secretaría está instala en un local pequeño del primer piso, donde huele a documentos, libros de catastro y viejas partidas registradoras guardadas en gruesos volúmenes que sólo se abren de tarde en tarde o nunca jamás. Hay una fotografía mural del casco urbano que llama la atención del que llega nuevo.



-La hizo uno de Madrid. Está muy bien ¿no le parece?
Era el alcalde, don Aurelio Díaz, que en aquel momento se encontraba solo en el despacho municipal revisando la correspondencia.
-Dando un vistazo. Hoy no está el secretario y lo tengo que mirar por si hubiera algo urgente.
-¿Lleva mucho trabajo el ayuntamiento?
-Trabajo, no; preocupaciones, bastantes. Como no hay ingresos, nunca faltan problemas. Se van haciendo cosas, pero siempre con la aportación de los vecinos. Que hace falta dinero: lo pedimos; pero por ese sistema hay que convencerse de que no puede ser.







-¿Cuántos habitantes son ahora en Moratilla?
-Pocos. Como mucho ciento cincuenta personas. 


Dicen que van a volver algunos de los que se fueron. Ya veremos. Para que se haga una idea, solamente hay dos niños que vayan al colegio, uno a Tendilla y otro creo que a Sigüenza. Hace una docena de años había casi cincuenta en las escuelas de aquí.
-¿De qué se vive?
-Hay poca vida. Se vive del campo, que lo llevan todo entre cuatro o cinco; y luego las tiendas, los tres bares y una serrería por encima del pueblo que también hace muebles; pero vamos, es una fábrica pequeña de tipo familiar.

Nos fuimos por ahí. El alcalde de Moratilla que es a pesar del cargo un hombre sencillo y de amistad fácil, me acompañó adonde sobre la marcha se me iba ocurriedo entrar: en el antiguo edificio de las escuelas, grande y en perfecto estado de conservación, hay un bar y una tienda de comestibles. Lo atiende una señora muy simpática que se llama Adelina, a quien por una de aquellas paradojas de la vida le toca trabajar cuando los demás descansan, y viceversa, cosa que, según ella, no deja de tener su fastidio.

-Claro; los veranos agitados, nos traen fritos con tanta gente, y los fines de semana un poco también. Ahora, ya ve, descansando.
Desde el pretil de la iglesia se domina una buena parte de la vega y el pueblo casi en su totalidad. El patio de la iglesia conserva todavía el suelo de loseta y una fuentecilla de piedra esponjosa sin agua, en medio de los setos y de la hierba seca.
-Lo hizo todo un cura que estuvo aquí y que ahora está en Alcocer. Se llama don Crescencio. Desde que se fue, esto va a peor. Ya se sabe, cuando no se está encima, las cosas terminan mal.
-¿Y la plaza de abajo?
-Bueno, aquí hay una fuente que se tapó la tubería y no cae. La idea es de arreglarla cuanto antes. Ahí es donde se hacen los toros.
-También tienen su afición, claro.
-En este pueblo no es afición, es pasión lo que hay con los dichosos toros. Aquí en la plaza se torean, se matan y se come la carne. Este año nos hemos comido tres vacas y dos toros.
-¿Pueden con ellos?
-Pues sí. Nunca se ha oído que nadie lo tire ni que a ninguno le haya sentado mal. En los años del hambre no se murieron dos en Valseco de milagro. Los tuvieron que trae medio muertos. Fue porque se llevaron la carne apretada en un puchero y fermentó. La gente nunca se hartaba de comer y se hacían barbaridades.

La vega que llaman de Carraguadalajara baja desde tierras de Fuentelencina bordeando por la umbría los extramuros del pueblo. Es una vega en la que los chopos se desarrollan con facilidad, crecen rectos como velas amparados por la humedad del terreno, y se dejan ver todos alineados e iguales en las alamedas que se van sucediendo valle abajo.

-En esa alameda es donde se cuece la carne. Por estos cerros se da la buena miel, la verdadera miel de la Alcarria. La pena es que en las dos vegas nos hemos ido quedando sin nogueras. Las cortó la gente para hacer dinero y poder pagarse el piso de Madrid.

El rollo de Moratilla se alza en las afueras, al borde de un sendero de ganado que sale del pueblo camino de la vega. Es una bella remembranza que el tiempo y el mal trato han ido quitándoles poco a poco casi toda su riqueza artística, incluso documenta que en otro tiempo debió llevar esculpida sobre la piedra.

-Antes tenía más figuras, y tenía también inscripciones; pero han ido borrándolas a fuerza de golpes. Dicen que si antes sería esto el centro del pueblo.

Por encima de los brazos, donde el golpear no es tan fácil, conserva la picota algunos relieves interesantes como de ángeles mofletudos y figuras deformes en un estado bastante aceptable, roídas tan solo por las lluvias y los vientos de más de cuatro siglos.

-Decía don Paco, el alcalde que hubo antes en Pastrana, que se podía desmontar y bajarlo a la plaza, pero yo lo veo muy difícil.

Desde la picota hasta la calle Alta se pasa por entre bodegas salitrosas en los ribazos, corrales hundidos y parideras abandonadas. Las viejas casas de Mortatilla, acordes con la arquitectura rural alcarreña del diecinueve, contrastan con el pavimento incipiente de sus calles, de sus callejuelas solitarias y escalonadas por las que no se oye nada ni pasa nadie. En la plazuela de la fuente suena en un transistor que nadie escucha “El baile de los pajaritos”. Cerca de la fuente tiene la herrería don Indalecio, un caballero del trabajo, un hombre sin más cruces que lucir en su pecho, sin más méritos que alegar que una vida larga al servicio de su pueblo. Don Indalecio Vázquez nació en 1902, y con sus ochenta años sobre la espalda sigue en el viejo taller repleto de hierros amontonados, de maquinarias, de maderas antiguas y de soledad, de mucha soledad en torno suyo.

-Pues esto no es cosa de ahora. Menos unos años que estuvo el chico antes de marcharse, yo siempre he trabajado solo. Mi señora falleció y mis hijos viven en Madrid. Algunas veces me voy con ellos, pero a los dos días me aburro y me vengo otra vez.
-¿Qué hace usted ahora?
-Poca cosa. Alguna puerta metálica, alguna reja de tractor, si sale algo de fontanería, y, en fin, lo que me mandan. Tengo maquinaria para todo, algunas hechas por mí; pero, aunque todo quiera ser, ya…
-¿Y en el tiempo que le sobra?
-Me voy a trabajar al huerto. Allí tengo de lo que usted pida. Lo voy haciendo yo, y así me entretengo un poco. Ahora también me da por leer, ya ve.
En Moratilla tiene por patrona a la Virgen de la Oliva, cuya imagen venera el pueblo en una ermita grande, muy cuidada, que hay en la antigua carretera de Fuentelencina.
-Una vez se desplomó el coro y hubo muchos heridos. Fue un accidente grave. Algunos se tiraron más de un mes en el hospital.

El bar de Manolo tiene en exposición permanente una curiosa colección de animales de la Alcarria disecados, puestos en hilera sobre los estantes del mostrador: picorros, cuclillos, abejarucos, perdices, una urraca y alguna liebre simulando correr. En el bar de Manolo hay cuatro hombres que comen sardinas arenques y ensalada de tomates en una mesa, que beben cerveza y vasos de vino e invitan a probarlo gentilmente al forastero. Son hombres complacientes y abiertos, con un espíritu ancho y sin doblez, de alma aromática como los campos de la Alcarria, con los que uno tuvo a bien pasar sus últimos minutos en Moratilla.




No podía faltar recorrer con la información que nos ofrece  Wikipedia completar la descripción e historia de este lugar, en el que se referencia e indica lo siguiente:

“… Moratilla de los Meleros es un municipio de España, en la provincia de Guadalajara, comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Tiene una superficie de 29,15 km² con una población de 121 habitantes y una densidad de 4,15 hab/km².

La villa la fundaron los musulmanes -de ahí su nombre- sobre una loma que se alza en la unión de las feraces vegas que forman dos arroyos que desembocan en el río Tajuña, a algo más de 15 Km de la localidad.
Está rodeada de altas y empinadas cuestas que llegan al páramo alcarreño, donde crece variada vegetación, que dio fama de melífera a la zona y justifica su apellido y que incluye bosque autóctono y de repoblación.
Su término municipal limita con los de las siguientes poblaciones: Fuentelviejo, Tendilla, Peñalver, Fuentelencina, Hueva y Renera.

Hay documentos de mitad del siglo XII que ya nombran a la villa, siendo donada por el rey Alfonso VII a uno de sus capitanes segovianos, Pedro Miguel. Más adelante, en 1174, Alfonso VIII de Castilla la donó, junto a otras poblaciones de la tierra de Zorita de los Canes a la Orden de Calatrava para preservar la comarca de los ataques almohades.

La antigüedad de la villa se visualiza hoy en su iglesia parroquial, mandada construir por los maestres de Calatrava, señores de Moratilla, a principios del siglo XVI y también en la enorme y bella picota que confirmó su ascenso al rango de villazgo

El rollo-picota es la columna erigida en Moratilla de los Meleros (Guadalajara, España) sobre la que se exponían los reos y las cabezas o cuerpos de los ajusticiados por la autoridad civil, además de ser insignia de jurisdicción de la villa. Es de tipo renacentista plateresco y fue construida en el siglo XVI.
[editar]Descripción

El rollo-picota de Moratilla de los Meleros se levanta sobre cuatro gradas circulares concéntricas, formadas por sillares de piedra caliza. Sobre ella se asienta un gran pedestal cúbico, decorado en sus cuatro caras por figuras humanas y rematado en cornisa jónica.

Sobre el pedestal se levanta una columna de basa jónica y fuste acanalado con contracanales que ocupan la mitad de su altura. El fuste lo conforma siete piezas mostrando, entre la segunda y la tercera, un arco de herradura de hierro forjado.

El capitel es plateresco, de orden jónico, y luce en una de sus caras una figura humana con espigas, emblema de fecundidad y desarrollo.
Por encima del capitel sobresalen los cuatro brazos clásicos de este tipo de monumentos. Se hallan muy mutilados, salvo uno cuyo extremo semeja la faz de un león; los otros tres mostrarían el mismo motivo decorativo.

Encima, y apilados, hay otros tres cuerpos, dos de ellos cúbicos y rematados por una cornisa. El primero de ellos es de mayor envergadura y tiene sus caras decoradas por rostros diabólicos, mientras que el segundo muestra decoración de bustos de ángeles. El tercero, de aparente forma semiesférica, pero muy deteriorado, constituye el remate del monumento y presenta restos de decoración de motivos vegetales.




En fín, seguro que con este paseo, os apetecerá incorporar en vuestra ruta a Moratilla de los Meleros en alguna de vuestras excursiones por nuestra Alcarria. Seguro que no os defraudará la visita y además podéis preguntar a cualquiera de los que se sientan en los pollos de la plaza por mi amigo Alfredo Pintado, natural de este precioso pueblo. Seguro que os ofrecerá su hospitalidad y os dará perfecta referencia de los puntos más importantes que visitar en este precioso pueblo. Si le veis darle un abrazo de mi parte.

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